domingo, 3 de noviembre de 2013

Vía Abraxas Órganos de Montoro

Órganos de Montoro
Vía Abraxas


En la olvidada comarca del Maestrazgo de Teruel, a orillas del río Guadalope, cerca de la carretera que une los pueblos de Villarluengo y Eljuve, en plena Sierra de los Arcos, se alza el monte llamado Peña de los Órganos, de 1.183 m de altitud. En la vertiente sur de esta montaña encontramos una curiosa formación de agujas rocosas de hasta 300 m de altitud que, debido a sus formas tubulares, reciben el nombre de "órganos". El 19 de octubre del año 2010 los Órganos de Montoro fueron declarados Monumento Natural.


Desde la primera vez que vi esta fantástica imagen del los Órganos de Montoro al atardecer en el libro Verticualidad de Rainier Munsch (Bunny)- un conocido escalador francés, trágicamente fallecido hace unos años, conocedor y entusiasta como pocos de las sierras ibéricas y con el que solíamos coincidir hace muchos años cuando escalábamos en el Midí d`Ossau- soñaba con conocer esta montaña.


Pero quiero recordar una vez más que  nosotros, los escaladores, somos unos intrusos en estas montañas, donde las auténticas reinas de los roquedos son la cabras montesas (Capra pyrenaica).


Y por fin, el pasado 19 de septiembre, mi compañero Javier Zaragoza y yo nos decidimos por fin a conocer esta comarca de la que tantas cosas habíamos oído contar: pocas vías abiertas, terreno de auténtica aventura con equipamiento casi inexistente y roca quebradiza debido al extremo clima invernal de la región. Además, gloria bendita, una comarca semiabandonada por la que no pasa nadie y donde los móviles-qué maravilla- apenas tienen cobertura.


Salimos del pueblo de Eljuve en dirección a Villarluengo y un poco antes de llegar a los órganos- ya los tenemos a la vista-, tomamos a mano izquierda un camino descendente apto para vehículos (cerrado con una cadena que se puede retirar), que nos deja junto a la orilla del río. Allí encontramos un lugar amplio y cómodo para dejar el vehículo y preparar los trastos.


Nos sorprende gratamente el caudal de agua que lleva el río Guadalope en esta época del año, cuando el verano está casi terminado. Tomamos el sendero que se ve a la derecha, río abajo, entre una vegetación de ribera bastante exuberante.


Cuando llegamos frente a las paredes, al cabo de medio kilómetro, el río es cada vez más ancho, así que no nos queda más remedio que quitarnos el calzado y cruzarlo como podemos.


En la orilla contraria, entre los árboles, vemos por primera vez desde abajo el perfecto diedro final de la vía Abraxas, la escalada que queríamos realizar.


La vía Abraxas, el itinerario que habíamos elegido y el más conocido de la zona, fue abierta en 1987 por Ballart, Castelnou y Parera. Tiene ocho largos, una dificultad de 6a+ y una longitud aproximada de 250 m, por donde indica la línea roja. El descenso, impreciso, lo realizamos equipando unos rápeles (línea azul de la izquierda) desde troncos de encinas hasta conectar con la vía, donde continuamos descendiendo en cómodos rápeles desde las reuniones de la vía.


Como podéis ver en esta reseña de la página enlavertical.com, las reuniones de la zona alta de la vía original no se corresponden exactamente con las hicimos nosotros, pero a partir de la tercera ya no hay repisas naturales donde instalarlas con comodidad, por lo que el primero de cuerda monta la reunión donde su experiencia le dicta.


Y después de subir caminando desde el río, entre piedras, arbustos y árboles, un desnivel aproximado de cincuenta metros- el acercamiento no tiene problemas, es evidente-, llegamos a pie de vía.


Preparamos los trastos, nos encordamos y empezamos a escalar.


Estos primeros largos son bastante evidentes, buscan siempre coronar la cumbre de pequeñas agujas donde se montan las reuniones. La roca no es todo lo sólida que nos gustaría y no encontramos seguros, pero entran bien los friends y no hay problemas; además, de momento, la dificultad no es alta.


En las reuniones encontramos algunas cosas, pero creo que son de una vía más moderna que transcurre por la derecha y aprovecha las mismas repisas. De todas maneras utilizamos también los troncos de los árboles.


El segundo largo empieza con un paso descendente para coger una pequeña travesía hacia la izquierda como única manera de progresar por una placa muy lisa.


Es un paso bonito que resolvemos sin ningún problema y nos da la oportunidad de sacar una buena foto.


Es una roca curiosa, en una configuración geológica de agujas y diedros que nunca antes había visto.


El inicio del tercer largo recorre una corta fisura vertical que miramos al principio con una cierta desconfianza porque no se ve ningún seguro ni muchas posibilidades de asegurar.


Pero también la resolvemos sin mayores problemas, tiene más cantos de los que parecía desde abajo.


Estas primera reuniones son todas muy cómodas y amplias, en buenas repisas donde aseguramos sin mayores problemas. La verdad es que es una gozada de vía, tranquila, con unas vistas excepcionales.


Desde la tercera reunión ya podemos ver el impresionante gran diedro final de la vía.


El cuarto largo es de transición, recorre una canal por donde buscamos el mejor acceso al diedro final de la vía. En la imagen Javi en la cuarta reunión; ya no son tan cómodas.


La quinta reunión, metido ya en el diedro, la hago donde puedo, una vez entrados en faena.


La parte inferior del diedro no está muy limpia, crecen algunos arbustos y también encontramos rocas sueltas. Pero continuamos escalando.


Ya estamos altos en la pared y disfrutamos de una buena vista sobre el valle.


Pero esta escalada, aunque no tenga un alto grado de dificultad, es delicada, y no sólo por el escaso o nulo equipamiento. La pared de nuestro lado izquierdo, además de vertical, es muy lisa y tiene poca adherencia, y la del derecho, la que forma el diedro, es de cantos romos y redondeados, pocos agarres.


En la reunión me entretengo sacándome algunas fotos; la vanidad no tiene límites.


Allá abajo, en la lejanía, vemos una masía abandonada, una imagen característica de esta región.


Mi compañero valenciano y amigo, Javier Zaragoza. Desde que nos conocimos, hace ya siete años, hemos escalado juntos más de 80 vías de pared, que se dice pronto.


Javi empieza el sexto largo.


Poco más arriba de donde se encuentra mi compañero hay un tramo de vía muy difícil con la roca bastante descompuesta. Es el tramo peor de todo el diedro.


El séptimo largo recorre la sección más homogénea del gran diedro, y también con la pared de la izquierda más lisa. Aunque en la imagen parece que ésta tiene multitud de pequeños agarres, la inmensa mayoría de ellos son invertidos, no nos sirven para nada.


Javi, desde la reunión, observa con atención el largo.


En un diedro de estas características los movimientos son muy repetitivos. Los pasos son difíciles, la pared vertical y la roca poco adherente.


En esta imagen se ve bien la forma del diedro. Los friends entran por todas partes, sobre todo medianos y pequeños, el problema es que la grieta del diedro es muy homogénea en anchura y no llevábamos números repetidos. También teníamos algunos muy anchos y no sirvieron de mucho. Entre el 1 y el 2,5 conviene llevar repetidos.


La aguja en la que se abre la vía Abraxas es de las más altas, y ya empezamos a ver a nuestro alrededor las cumbres de algunas agujas más bajas.


Cuesta empotrarse en la fisura con tantos trastos colgados de la cintura, pero nos vamos apañando. En esta imagen se ve con claridad cómo los cantos de la roca están invertidos y no nos sirven para agarrarnos.


Para progresar sin problemas por este tipo de vías hay que dominar la técnica de la escalada en oposición.


Ya estoy en la séptima reunión y recojo a mi compañero, que está disfrutando de la escalada.


Ya estamos cerca de la cumbre, y con tanta pared vertical por debajo disfrutamos de una sensación de vértigo excepcional.


Este es un curioso mundo de agujas, diedros y fisuras, una formación excepcional y única en nuestra geografía.


La séptima reunión la hacemos en una estrecha repisa asegurados únicamente por dos buriles bastante potrosillos. Javi sale en travesía hacia la derecha.


Los Órganos de Montoro


El octavo largo es muy cortito y empieza por una placa difícil.


La cumbre donde termina la vía Abraxas es la aguja que vemos a la izquierda. Es una punta de roca muy estrecha, en la que no podemos pararnos.


Así que buscamos el tronco de una encina que crece cerca de la cumbre y desde ahí montamos un corto rápel para bajar de la aguja por la zona de atrás.


Así que no podemos hacernos una foto en la misma cumbre y la hacemos en el collado que se forma por detrás.


Una vez allí no teníamos muy claro por dónde íbamos a descender, así que subimos caminando por la ladera, alejándonos de las paredes, a ver lo que veíamos. La cumbre de la vía Abraxas es la de la izquierda de esas dos que se ven juntas.


Como no tenemos claro por dónde bajar nos dirigimos hacia la canal que se veía a la izquierda de la aguja que hemos escalado.


Y en seis rápeles llegamos de nuevo al suelo. Los tres primeros (que con cuerdas de 60- llevábamos de 50- los habríamos convertido en dos) los instalamos en troncos de encinas por una canal a la izquierda del diedro final. Los últimos tres por la vía, de reunión a reunión. Dejamos varias cintas grandes instaladas.


Y por fin estamos de nuevo a pie de vía. Han sido unas horas inolvidables de buena camaradería y mejores momentos sobre la roca.


Y despedimos el reportaje con esta fantástica imagen crepuscular de los Órganos de Montoro.

2 comentarios:

  1. Buena escalada Iñak; que tengo pendiente de hacer. Hace ya unos 17 años me tuve que bajar de la reunión bajo el gran diedro por una nevada tardía, era un 1º de Mayo.
    Tendre que engañar a alguien para volver a ir, porqur como ya sabes para este tipo de escalada la gente huye como viento huracanado, jejeje.
    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Pues a mí me ha gustado y probablemente vuelva, ya te avisaré, es un lugar increíble.

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