lunes, 14 de noviembre de 2011

Torca de Txomin IV y Cueva de Santa Isabel

Iñaki Miró,   Guía de Montaña, Escalada, Espeleología y Barrancos
Página web:  http://inakimiro.jimdo.com/
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Maravillas subterráneas en el valle de Karrantza

Este fin de semana pasado, 5 y 6 de noviembre, he quedado con cuatro amigos de Madrid para pasar un fin de semana explorando y fotografiando cavidades (o cueveando, como nos gusta decir a nosotros) en el valle de Karrantza, en Bizkaia. Normalmente las fotos del blog suelen ser mías, pero en este reportaje hemos querido participar todos, por lo que las fotos que vais a ver son originalmente de Félix Martínez, Manuel Carrión y Alfredo Lucas, además de mías. Espero que os gusten.


El valle de Karrantza, el último de Bizkaia por el oeste, abre sus aguas al río Asón, de Cantabria, y pertenece por lo tanto al cauce alto de este río, una de las regiones más privilegiadas del mundo en lo que a grandes simas y cuevas se refiere.


Este año apenas ha llovido desde mediados del verano, por lo que el otoño es más parco de lo habitual en cuanto a bellos colores se refiere. Pero a pesar de todo el paisaje de media montaña en esta comarca es muy bonito.


Pasamos la noche del viernes, como siempre, en el refugio de la Federación de Espeleología de Ramales de la Victoria. De derecha a izquierda, Félix, Alfredo y yo. Nos acompañaban también Roberto y Manuel.


Es un refugio acogedor al que siempre nos gusta volver, las chicas que lo atienden son un encanto y el ambientillo suele ser muy "cuevero".


La cavidad que vamos a visitar el sábado es la Torca de Txomin IV, una sima de 220 m de profundidad de increíble belleza que se encuentra en el interior de una mina abandonada de galena llamada Cueto Txomin, en el barrio de Sangrices.


El tiempo ha empeorado bastante y llueve con fuerza. Afortunadamente podemos subir con el coche de Alfredo casi hasta la misma boca de la mina y aprovechamos para cambiarnos en un momento en que ha parado de llover. De pronto tenemos un amigo inesperado que quiere venir a la cueva con nosotros.


Las primeras galerías de la mina son estrechas, de techo bajo y un poco caóticas.


Y no están tan abandonadas como pensamos. Aquí vemos un murciélago hibernando. En el interior de la mina vimos también deyecciones de corzo, suponemos que entrarán a resguardarse cuando haga mal tiempo, y Roberto vio una comadreja bastante alejada de la boca de la mina.


Recorremos por el interior de la mina bastante distancia con muchas bifurcaciones antes de llegar a un conducto muy estrecho que nos lleva hasta el abismo de la Torca de Txomin IV. No nos perdemos porque hace ya bastantes años estuve también en esta cavidad y marqué el camino en todas las bifurcaciones con un spray reflectante. Si alguien la quiere visitar, son marcas en V de color rosado con el vértice dirigido hacia la salida, fáciles de encontrar.


Aún así cuesta encontrar la gatera de acceso a la sima, un paso estrecho y de techo bajo por el que nos arrastramos durante una docena de metros.



Manuel y Félix son los últimos en salir de la gatera a la cabecera del pozo. Aquí hay una amplia repisa entre bloques, no demasiado cómoda, donde podemos prepararnos.


El lugar está tapizado de grandes formaciones tipo colada o bandera, y empieza a mostrar la belleza de lo que va a ser en la parte inferior.


Ésta es la topografía en corte de la sima Txomin IV, en la que nos hayamos. La línea roja indica el recorrido que realizamos hasta el fondo de la Sala Blanca.


Donde estamos instalándonos no es más que una gran repisa formada entre bloques y coladas estalagmíticas.


Montamos una instalación de cuerda y comenzamos a descender bordeando el gran pozo de 220 m hasta encontrar una cabecera cómoda.


Hay una grieta estrecha entre la repisa de bloques y la pared de la sima, y por ahí vamos montando la instalación, tratando de evitar que la cuerda roce con las aristas para que no se dañe. Hay barro encima de las coladas y patina bastante.


Como equipo de superficie se quedan dos amigos a esperarnos en la cabecera del pozo, Félix Martínez...


...y Manueel Carrión. Son, además, los que están sacando las fotos de la cabecera del pozo.


En esta foto se aprecia bastante bien la sensación de profundidad del gran pozo de la torca Txomin IV. Bajo nuestros pies, 220 m de vertical absoluta, equivalente a un edificio de setenta y tres pisos, se abre mostrando la oscuridad más absoluta.


En realidad, aunque nos encontramos pequeños descensos bastante incómodos, toda esta primera parte es un pasamanos hasta encontrar la vertical por la que queremos descender.


El descenso al principio es lento y un poco engorroso, tenemos que buscar los casquillos de los spits instalados en la roca que los exploradores del grupo espeleólogico Esparta de Barakaldo instalaron en su día. Después colocamos los tornillos y las chapas donde afianzar la cuerda para el descenso. Algunos spits están llenos de barro y cuesta encontrarlos y limpiar un poco la rosca.


Encontramos la cabecera- bastante mal instalada- de un pozo de unos veinte metros que nos acerca a la gran vertical. Esta sima, en lugar de tener las paredes en roca desnuda, como es lo habitual, está tapizada en su totalidad de coladas y formaciones, lo que dificulta la colocación de los anclajes.


Alfredo baja el segundo, portando una saca con material. Detrás le seguirá Roberto.


Hasta la base de este salto nos acompañó también Roberto, pero a partir de aquí bajamos solamente Alfredo y yo. En la base de esta repisa, cerrada por grandes coladas, un conducto estrecho nos lleva de nuevo hasta el gran pozo. A partir de aquí el vacío más absoluto se abre a nuestros pies. Instalamos la cuerda con un salto volado, sin tocar pared, de unos cien metros, con un fraccionamiento a -18 en una colada que sobresale. En el pozo bastante teníamos con instalar la cuerda y descender, por lo que no perdimos el tiempo en sacar fotografías.


El descenso es vertiginoso. En la base del pozo, cien metros más abajo, un gran caos de bloques en pendiente nos recibe. En realidad el pozo da aquí la sensación de ser una gigantesca sala con el techo a más de ciento cincuenta metros del suelo.


También aquí se ven hermosas formaciones. La base de esta gigantesca sala es caótica, y como sólo estamos dos compañeros tenemos poca luz para hacernos una idea real de sus dimensiones.


Vamos explorando todo el perímetro buscando el estrecho conducto que nos va a conducir a la zona inferior de la cavidad: la Sala Blanca. Al final lo encontramos detrás de un bloque. Otra cuerda y otro salto de diez metros nos ponen en la base del bloque y aquí se suceden una serie de conductos muy estrechos por los que tenemos que arrastrarnos.



Y por fin llegamos a la famosa Sala Blanca de Txomin IV, una de las grandes maravillas subterráneas de nuestra geografía.



La zona de acceso continúa siendo caótica, con grandes bloques, en descenso, pero está tapizada de formaciones maravillosas difíciles de describir, e inimaginables para alguien que no haya visto antes cosas así.


Formaciones excéntricas de una blancura prístina.


Cada paso que damos es un continuo asombro.


Flores subterráneas de calcita de color inmaculado, que la Naturaleza ha tardado miles de años en construir.


Es todo tan asombroso que no hay palabras para describirlo.


Ni el escultor más caprichoso podría haber imaginado algo tan delicado y hermoso a la vez.


El agua, la roca y el tiempo se han conjugado para construir esta maravilla subterránea que, parecido al título de aquella película, es sólo para nuestros ojos.


La paleta de un pintor exigente tiene muchas tonalidades, pero la increíble naturaleza siempre lo supera todo.


Finos cristales de calcita y aragonito, delicadas filigranas de roca que han crecido a lo largo de milenios de calma y tranquilidad.


Vamos a un lado, al otro, es igual; miremos por donde miremos la concentración de maravillas es la más grande que he visto hasta ahora.


La lástima es que los dos que hemos bajado hasta el fondo de la sima llevamos solamente cámaras compactas que no dan grandes posibilidades a la hora de fotografiar lo que aquí vemos. Los equipos más completos de iluminación y fotografía se han quedado en superficie.


La delicadeza de los trazos, la complejidad de las líneas, la pureza del color, la exquisitez de las formaciones. ¿Puede haber algo más bello?


La ley de la gravedad, la atracción de la madre tierra, aquí no cuentan. Parece una obra de caprichosa geología, la imaginación sin límites.


En cualquier rincón nos encontramos una obra única, una maravilla diferente a las demás.


El trazado más delicado surge de repente en cualquier rincón.


Gours repletos de agua saturada de calcita en suspensión, que va poco a poco cristalizando y formando maravillas únicas e irrepetibles.


hasta el suelo da miedo pisar, por todas partes está tapizado de florecillas de piedra similares a éstas.


Mientras Alfredo y yo estamos al fondo de la mina, el equipo de superficie, junto con Roberto, que se ha unido a ellos, explora y fotografía las galerías de la mina. Aquí se ven todavía los antiguos raíles por los que circulaban las vagonetas tiradas por "pottokas", una raza de caballos de baja estatura y muy fuertes que se criaban en estas montañas.


La mina de galena está abandonada hace muchos años, pero por todas partes se ven restos de las antiguas labores.


En muchas galerías se aprecian fenómenos de una incipiente karstificación de la mina. Si este proceso continúa sin detenerse a lo largo de miles de años, las galerías se colapsarán de estalactitas y estalagmitas como si de una cueva natural se tratara.


En algunos lugares la estibación de las galerías es muy precaria. En la foto Roberto metiéndose por un conducto estrecho.


Da la sensación de que hay paredes que se pueden derrumbar en cualquier momento.


Cuando salimos por fin todos de nuevo al exterior ya es de noche, pero afortunadamente ha dejado de llover. Llevamos todo el día dentro, sin parar; estamos cansado pero contentos. Todavía nos queda recoger los trastos, cambiarnos de ropa y de vuelta al refugio.


Ha sido un día increíble, una experiencia incomparable. En la foto, Alfredo y yo con Manuel, todo un veterano todavía en activo.


Cuando llegamos al refugio llenos de barro desde los pies a la cabeza las chicas ya nos están poniendo la mesa para cenar, pero primero toca una buena ducha...


...y por supuesto dar una vueltita por los bares del pueblo para "reponer fuerzas". Ésta es una de las facetas más importantes de la espeleología, fundamental diría yo, comentar la cueva con los amigos delante de una buena cerveza.


Al día siguiente, domingo, vuelve a amanecer un día gris y lluvioso, muy propio de la zona. Decidimos acercarnos hasta la cueva de Santa Isabel, también en Karrantza, un recorrido sencillo pero que mis amigos todavía no conocen, donde pasar una mañana tranquila sacando fotos.


El recorrido hasta la boca es corto, un agradable camino entre castaños y robles por la ladera del monte Ranero. Tuvimos que saltar un par de veces los portillos y alambres de un prado.


La boca de la cueva no es fácil de encontrar, está bastante escondida entre árboles y arbustos.


Es una cueva amplia, de desarrollo horizontal, de varios kilómetros de extensión y fácil de visitar.


Tiene algunas salas atractivas, bastante grandes, situadas en dos pisos diferentes y superpuestos en algunas zonas.



Como es una cavidad conocida de antiguo y de fácil acceso nos encontramos con bastantes restos de visitantes "poco escrupulosos".


Aún así la cavidad merece la pena visitar porque tiene rincones de una belleza espectacular.


Encontramos muchos grupos de murciélagos hibernando, a los que procuramos no molestar demasiado.


Este ejemplar es un Rinolofo Grande, probablemente el quiróptero más común en las cavidades de la región.


Pasamos varias horas en el interior de la cavidad, visitándola, recorriendo muchos rincones y sacando fotos.


También nos encontramos con bastantes formaciones mutiladas por los visitantes ocasionales, uno de los peajes que hay que pagar a la ignorancia, la incultura y la estupidez humanas. En fin, supongo que contra eso no se puede luchar.


Y así nos despedimos de este maravilloso fin de semana cuevero, con una hermosa y bucólica imagen del valle de Karrantza- eso sí, un poco "maquillada"- que he descargado de internet. El nombre del autor podéis verlo en el borde inferior derecho de la imagen. Espero que os haya gustado. Un abrazo y hasta la próxima.

10 comentarios:

  1. Muy currao ere un crac
    Captain Garfio

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  2. ya lo lei,ni que fueras escritor,gracias por hacerme parte de esto

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  3. Bonito reportage Félix, menuda cueva, veo que también hay tesoros escondidos por España. Felicidades a todos los participantes. Josep

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  4. Perdona Iñaki, he puesto Félix. Buen reportage Iñaki. Ahora sí. Josep.

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  5. Una maravilla poder disfrutar de ésto para un Nestosano, y aficionado a las cuevas. Gracias por compartir vuestra experiencia.

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  6. ostias guapas las fotos soy el dueño del perro si pasais por alli pegarme un toke suelo hacer algo de espeleo pero me gustaria bajar has ta ahi nunca lo he conseguido un saludo

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  7. Iñaki, por fin he podido encontrar este bonito reportaje, me ha gustado mucho, Felicidades a todos.

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  8. Primero, felicitarte por la narración tan amena.Espectacular las formaciones de la sala blanca, gracias por las fotos para poder deleitrnos los sentidos.Un saludo
    Txema R Zabala

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  9. Bonito reportaje.
    Este finde queremos bajar a la sala blanca. Y quisiera saber si hace falta llevar de una pieza una cuerda de 80 o 100 metros.
    Y ya de paso cuantas placas y mosquetones y metros de cuerda.

    Un saludo desde Asturias.

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  10. Aunque este comentario llega años tarde:
    De cuatro años que pasé en la zona, más de 6 meses de cada uno fue en las minas de Coto Txomin. Jamás bajé a una de las simas, no era tan intrépido. Con los de Esparta, terminamos llevándonos bien. Desaparecían en las simas, durante varios días. Mi labor era cartografiar e investigar la mina, así que las marcas de espray (las otras), son mías o de mis compañeros. Todo el complejo de minas era como nuestra segunda casa... más de 10 horas al día solo iluminados por carburo. Por entonces rehabilitamos la entrada de pozo Manuel, medio hundida y que se hundió definitivamente. Los troncos que salen en una de las fotos, los pusimos nosotros. Está en la entrada del Cuco y a esos bloques (que antes estaban peor), los llamábamos la trampa para conejos. Visité la mina años después, hoy me he dado cuenta, que han pasado 19 años... El reportaje me ha gustado, pero, sobre todo, me ha producido mucha nostalgia...
    Un saludo

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